En las playas de Krabi

A la vuelta de Birmania y tras una breve parada en Bangkok, decidimos que había llegado la hora de tomar un descanso. Tras dos meses de viaje por países un tanto polvorientos, qué mejor que relajarse en las maravillosas playas del Tailandia!! Después de un largo trayecto nocturno en bus, llegamos a Krabi. dónde debíamos coger un bote que nos llevaría hasta la bahía de Railey. Por fin esas instantáneas que tantas veces habíamos evocado se materializaban ante nuestros ojos! Gigantescos riscos verdes de formas imposibles nacidos en aguas turquesas. Playas de fina arena blanca salpicadas de palmeras cocoteras que proporcionaban la sobra perfecta para relajarse en una hamaca mientras ves caer el sol tomando una cerveza bien fresca… No cabía ninguna duda, habíamos llegado al paraíso.

Allí nos esperaba Xavi, nuestro compañero de fatigas birmanas, que ya nos tenia reservado un precioso bungalow a 2 minutos de la playa. Así que no tardamos ni cinco minutos en ponernos el bañador y disfrutar de una fantástica tarde de sol y aguas claras mientras estupefactos contemplábamos sus acantilados. Y es que Railey además de un paraíso para los bañistas es una de las grandes mecas del sudeste asiático para practicar la escalada.Sus enormes paredes cársticas proporcionan todo tipo de retos para los escaladores, con el aliciente de contemplar un paisaje de ensueño cuando llegas a la cima. Nosotros lo vimos bastante complicado, pero Xavi se animó a probarlo y descubrió que tenia un don para ello, trepaba las paredes en la mitad del tiempo que sus compañeros, y eso que era la primera vez! Aunque en un principio no nos atreviéramos no salimos de Railey sin tener contacto directo con la escalada, ya que uno de los lugares de ínterés és la Lagoon, y aunque a priori no lo sabíamos para llegar hasta ella se debe trepar una montaña de más de 50 metros de altura para después descender a su interior con la única ayuda del coraje, la fe y unas destartaladas cuerdas que colgaban de las rocas. Todo ello además lo hicimos chanclas!!! una locura, además ninguna guía que consultamos advertia de ello y deberían ya que no es apto para todos los públicos, se requiere un gran poder de concentración, coordinación y forma física para no resbalar y precipitarse al vacío. Sin prisa pero sin pausa llegamos a una gigantesca cavidad en la montaña dónde se deposita el agua de las lluvias convirtiendose así en una gran laguna de agua dulce. Aunque el agua no sea tan cristalina ni apetecible como la de las playas merece la pena ir por lo impresionante del lugar.  Al volver, paramos en la cima dónde hay un mirador en el que disfrutamos de las vistas y del último atardecer para Xavi ya que al día siguiente partiría de vuelta a casa.

Nosotros aún pudimos disfrutar algunos días más en Railey y los aprovechamos descubriendo otros rincones menos concurridos. Empezamos adentrándonos en la jungla, donde además de arañas gigantescas y monos, se esconde la Diamond Cave, una increíble y preciosa cueva hogar para muchos murciélagos. Des de allí, recorrimos un camino que nos llevaría a la playa de Tonsai. Aunque es menos espectacular que la playa de Railey, Tonsai permanece prácticamente virgen y se ha convertido en un refugio para muchos mochileros que encuentran en ella un lugar más económico y tranquilo para pasar los días.

Con mucha pena nos despedimos de este rincón de mundo. Tocaba coger un ferri hacia Koh Phi Phi, una isla que se hizo mundialmente famosa por varios motivos. En ella se rodó la famosa película La Playa, y aunque hacia 2004 fue arrasada por el brutal tsunami que azotó el Sudeste asiático, en poco tiempo fue reconstruida en su totalidad y repoblada de nuevo por miles de turistas que cada año se dan cita en ella. Y es que Phi Phi, a pesar de ser un bullicioso patio de recreo para los viajeros, es una preciosidad de isla que esconde rincones solitarios donde relajarse tomando el sol. No nos resultó muy difícil encontrar alguna de las calas más tranquilas del lugar, así como una de sus mejores playas como la Long Beach… y creernos las disfrutamos bien merecidamente!


Aunque la verdad es que no teníamos mucho tiempo para disfrutar de la isla, no podíamos irnos sin antes visitar el parque nacional marítimo de Koh Phi Phi Leh, donde se encuentra la Maya Bay. Esta impresionante bahía de aguas turquesas, escenario de película, alberga en su interior una gran riqueza marina que se desvela ante tus ojos con tan sólo unas gafas de buceo. Nadar por sus cálidas aguas entre centenares de peces tropicales y colores y contemplar sus vistas, simplemente no tiene precio!

Otra visita obligada es el viewpoint, una colina que ofrece una magnífica panorámica de la isla , además de refugio para posibles tsunamis. Eso sí, para llegar hasta ella hay que subir por unas agotadoras y empinadas escaleras, así que tras la visita acudimos hambrientos a nuestro restaurante favorito, el Cosmic dónde hacen la mejor pizza boloñesa del mundo! De hecho, no podemos recordar cuántas veces pedimos la misma pizza en los días que estuvimos en Phi Phi! Contentos y con el estómago llenos nos despedimos de la isla y tomamos rumbo a nuestra siguiente parada Koh Tao!
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