Bagan, perdidos entre templos

Bagan, como describirla… Sin duda se trata de uno de los lugares más impresionantes que hemos visitado, y es que, con sus 42 kilómetros cuadrados de polvorienta llanura cargada de más de 4.000 templos y pagodas, se trata de uno de los yacimientos arqueológicos más imponentes del mundo. Muchas eran las expectativas que nos habíamos creado respecto a Bagán y sin duda no nos defraudó!

Salimos en dirección a Bagán desde la estación de autobuses de Yangón, sin duda la más grande y caótica que habíamos visto hasta el momento. Es enorme, y no solo eso si no que parece en si misma una ciudad, comercios, edificios, miles de autobuses y millones de personas la insuflan de vida. Una vez encontramos el bus, comprobamos sorprendidos que no estaba no tan mal como esperábamos: asientos reclinables, aire acondicionado, botellita de agua gratis… Pero siempre hay un pero, y es que no sabíamos que en Myanmar es tradición reventar los tímpanos de los pobres pasajeros con una colección de karaokes, videoclips y series de dudoso humor birmano durante toda la noche. Por suerte el viaje no se nos hizo muy largo y llegamos dos horas antes de lo previsto, lo que significaba que habíamos llegado en la más absoluta oscuridad a unas intempestivas cuatro de la mañana. Malas horas para encontrar alojamiento… decidimos esperar al amanecer mientras tomábamos un café y entablábamos conversación con Adrian, un chico neozelandés que conocimos en el bus. Resultó ser un compañero de viaje estupendo, y de hecho compartimos experiencias durante gran parte de nuestro viaje por Myanmar.

Una vez encontramos alojamiento y descansamos un poco, llegó el momento de la primera toma de contacto con Bagan. Empezamos por lo más cercano, el mercado de Nyaung U dónde las artesanías locales se mezclan con verduras, legumbres, especies y pescado seco.

Por la tarde alquilamos unas bicicletas con la intención de explorar un poco los templos más cercanos. Sin ninguna intención y escasa orientación dimos con la bella Shwezigon Paya. Data del año 1102 y se considera una de las más antiguas pagodas de Bagan, además de modelo de construcción de otras muchas. Allí se encuentran entre innumerables imágenes de Buda, los adorados Nats, espíritus paganos de cultos anteriores que se han mantenido hasta la actualidad. Ya caía el atardecer y decidimos salir en busca de unas buenas vistas para contemplar la puesta de sol. Muchas son las sensaciones que percibes al estar en lo más alto de un templo, es simplemente indescriptible ver como el sol se esconde entre otros miles de ellos.

El día siguiente contratamos un chófer que con su coche de caballos que nos llevaría a visitar los templos más famosos y a la vez turísticos. Shansha, que es como se llamaba, nos amenizaba el trayecto cantando canciones tradicionales mezcladas con otras de su amada Shakira, todo un personaje… La verdad es que es una buena manera de familiarizarse y orientarse con las diferentes zonas de pagodas y estupas Bagan, pero un poco cara…  Cuando llevas más de cuatro visitas empiezas a sentirte un poco mareado, algunos son impresionantes, otros más pequeños y sencillos, algunos contienen pinturas milenarias pero todos albergan infinidad de imágenes de buda. Y como no podía ser de otra manera, nuestro chófer nos reservó para el final el templo Buledi, donde acuden cada día turistas de todo el mundo para presenciar el sunset.

Cansados pero contentos decidimos que la jornada siguiente la recorreríamos por libre montados en bicicletas. Queríamos encontrar templos en los que se pudiera trepar y así poder ver una vez más las magníficas vistas que ofrecen. Una gran idea sin duda, ya que además ir en bicicleta te permite disfrutar de ellos en soledad o en compañía de lugareños que sonrientes te guían por los secretos y misterios de sus ruinas.Podéis encontrar más fotos en la Galería

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