Varanasi, vida y muerte en el Ganges

Varanasi, vida y muerte en el Ganges from imagina5d on Vimeo.

Como siempre, llegar a una nueva ciudad en India es toda una aventura. Si esa ciudad es Varanasi entonces ten por seguro que te tocará lidiar con un conductor de rickshaw incapaz de decir una verdad, ansioso de llevarse su comisión por tu alojamiento. Aquí no sirven los trucos de decirle llévame a tal restaurante o al centro, simplemente da igual lo que le digas, él te llevará a dónde le apetezca! Y como a la mayoría de turistas que llegan a Varanasi, nos tocó acabar dónde él quiso, eso si se quedó sin su parte…

Una vez encontramos un alojamiento, salimos rápidamente a conocer la ciudad. Dicen que en Varanasi nada ha cambiado en dos milenios y que en sus ghats (así se llaman las terrazas a orillas del Ganges) siguen acudiendo millones de hindús en busca de la purificación en sus aguas. A orillas del río transcurre el día a día de todo el mundo, al amanecer los baños rituales son los protagonistas. A medida que transcurre la mañana las acciones se suceden… gente lavando ropa, niños jugando a cricket, barqueros cazando turistas, yoguis meditando, cadáveres en llamas, todo esto y lo que te puedas imaginar entre medio vacas y más vacas.

Y es que el Samsara, el ciclo de vida, muerte, reencarnación y vida sigue marcando a esta ciudad sagrada. Cada día se realizan numerosas cremaciones de difuntos en el Manikarna ghat con la convicción de que si mueres o te creman en Varanasi te liberas del ciclo perpetuo de reencarnación para siempre.

Cuando cae la tarde, el ritmo se ralentiza solo exceptuando a los barqueros que siguen incansables con sus jornadas de remo moviendo arriba y abajo a turistas acomodados. El resto de la ciudad se prepara para la puja llamada Arati, o el culto al crepúsculo. Cuando el sol desaparece en el horizonte, los brahmanes hacen el llamamiento a los fieles haciendo sonar sus caracolas. Para entonces, ya centenares de personas a su alrededor se amontonan en los ghats para presenciar esta ceremonia. La verdad es que la primera vez que la ves no te deja indiferente. La visión de los brahmanes vestidos con sus túnicas naranjas hipnotiza, primero cantando al unísono mantras, luego ofreciendo a los dioses los cinco elementos hindús, agua, fuego, tierra, aire y la tela que lo envuelve todo, mientras las campanas no dejan de resonar. Mientras tanto las ofrendas florales se alejan a la deriva levando consigo los deseos de los debotos.

El paso por esta ciudad fue corto pero muy intenso, solo pudimos dedicarle un par de días y fue una verdadera lástima porque Varanasi engancha. El vuelo a Bangkok previsto sólo dos días después nos marcaba, pero eso no nos impidió disfrutar al máximo de la ciudad.  Recorrer las aguas del Ganges en manos de los remos de un barquero, dejarse hipnotizar por el ambiente de los ghats y perderse en sus estrechas calles ha sido una de las experiencias más auténticas  que hemos vivido en India. Un despedida por todo lo alto! y como guinda final la última mañana antes de coger el tren que nos llevaría a Calcuta para embarcarnos a tierras tailandesas, la dedicamos a visitar una pequeña escuela para niños sin recursos. Pudimos compartir con los más pequeños y sus profesores momentos inolvidables, entre risas, juegos, peleas y dibujos se nos pasó la mañana volando, era momento de ir a recoger las maletas y coger camino de la estación.

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